El océano del tiempo

El susurro de los árboles y el canto de los pocos pájaros que volaban me devolvieron los recuerdos de infancia que el océano del tiempo había conseguido ahogar. Fue un invierno frío, concretamente un 18 de diciembre según marcaba mi reloj que ya pronto cumpliría un año. Pasaba, como muchas otras veces, por aquella calle, entonces solitaria, en dirección a mi casa. En un revuelo al final de la calle, divisé unos matojos que cubrían una entrada. En efecto, al acercarme comprobé que se trataba del recinto donde mis amigas y yo compartíamos las largas tardes de verano, mientras observábamos el sol ponerse y los cortos días invernales, cubiertas de mantas y otros atuendos. Cada día solía pasar por allí, pero aquella tarde se respiraba un aire diferente que me lleno de fuerza, y aún desconozco el porqué.

Abrí mi maletín cargado de libros. Miré mi reloj, las 14:34. Esa misma tarde había quedado, pero aún tenía un par de horas para mi. Extraje un folio de mi carpeta y un lápiz de mina del estuche. Sin saber del cierto que escribir, me senté en la calzada y dejé que mis pensamientos fluyeran a través del lápiz. Al poco de iniciar mi escrito, advertí que se acercaba una motocicleta. Rápidamente cubrí el folio con mis manos temiendo que alguien pudiese robar mis pensamientos. Lo guardé en mi maleta e hice ver que buscaba algún objeto en el interior de ésta. Sólo cuando me aseguré de que su presencia se había desvanecido por completo volví a retomar mi escrito, esta vez quería acabarlo no cómo muchos otros relatos que siempre iniciaba con ilusión pero que nunca llegaba a finalizar. Volví a mirar el reloj, había pasado media hora desde la última vez que había comprobado la hora. Debía apresurarme si quería llegar puntual a mi cita.

Escribí las últimas palabras mientras daba por finalizada mi inspiración literaria de aquel día. Doblé la hoja por la mitad y la guardé de nuevo, esta vez en el ultimo clasificador de la carpeta, junto a todos mis escritos. Me colgué el maletín y descendí por aquella calle fría, estrecha y solitaria. A medida que avanzaba algo me carcomía por dentro, me di media vuelta y volví a observar el recinto cubierto de matojos, casi sin notarlo mis labios dibujaron una sonrisa, ese sitio tenia algo especial, algo que lo hacia mágico. Volvería a aquel lugar, pero no lo haría sola.

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